Qué estresa a mi perro


Los viajes en coche, los ruidos de procedencia desconocida, separarse de sus dueños… son muchas las situaciones que estresan a tu can. Identifícalas y pon remedio

“Tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves”. La propia definición del término “estrés en el diccionario de la Real Academia Española (RAE) ya lleva implícitas sus consecuencias; unas secuelas que no solo afectan a los humanos, sino que también pueden mermar la salud de nuestras mascotas. Y precisamente hoy te hablamos de esta cuestión, un problema cuya resolución llevará aparejada la necesaria identificación del foco del estrés. Descubre qué podría estar alterando los nervios de tu can y pon remedio.

Fuentes de estrés del can

  • Viajes: en coche, avión, tren. Se trata de situaciones en las que es probable que se maree por la falta de costumbre -en cuyo caso tendrás que administrarle algún medicamento que lo evite-, se agobie con el calor, el ruido y/o la multitud, etcétera. El asunto se agrava cuando, además, el viaje se efectúa en barco o en avión -donde, en la mayoría de casos, el can ocupa la bodega (y no la cabina)-. Entrénalo para que esté tranquilo y prepáralo antes de tu escapada y escoge compañías aéreas y navieras que permitan la presencia de animales pequeños en la zona de pasajeros.

  • Ansiedad por separación: suele presentarse en peludos que han sido separados de su madre antes de tiempo (destete prematuro) y/o en aquellos que pasan demasiadas horas solos, se les ha abandonado, etcétera. Para conocer más sobre este problema, consulta nuestro artículo El síndrome del abandono en el perro.

  • Falta de ejercicio: de la misma manera que los médicos te recomiendan llevar una vida activa para prevenir los síntomas del envejecimiento, a tu peludo le ocurre lo mismo. Sácalo a pasear con frecuencia, lánzale la pelota para que corra, practica el canicross con él… tienes un gran abanico de opciones a tu disposición.

  • Soledad/aburrimiento: sucede lo mismo que con el punto anterior. Un perro aburrido será un perro ansioso, necesitado de actividad y estímulos. Evita adoptar una mascota si eres incapaz de dedicarle el tiempo y el amor que se merece.

  • Entrada de una nueva mascota en el hogar: especialmente delicada si no se trata de un perro sino de un gato u otro. Hazlo poco a poco y sigue unas pautas concretas para que ambos se adapten. Consulta con un especialista.

  • Visitas al veterinario: una mala experiencia (inyecciones, presencia de otros animales agresivos, una operación) pueden causar una asociación negativa con este profesional.

  • Temor a las residencias caninas: donde se conjugan varios factores como el miedo al abandono, el entorno desconocido y demás. Procura visitar el centro con tu animalito varias semanas antes de su estancia para que vaya acostumbrándose.

  • Petardos y ruidos fuertes: quizás uno de los focos más estresantes para un perro. Para prevenir situaciones traumáticas, consulta nuestro post San Juan y las mascotas.

  • Nacimiento de un niño en el seno familiar: la llegada de un bebé introduce elementos estresantes en la casa. Gritos, llanto, nerviosismo por parte de los padres.. son los más comunes. Por no hablar de la lógica envidia que sentirá el animalito, que verá sus atenciones disminuidas.

  • Falta de descanso: a diferencia de ti, tu peludo necesita descansar al menos 14 horas diarias. En el caso de los cachorros y los canes ancianos este requerimiento todavía resulta mayor. Uno de los errores comunes entre los propietarios es pensar que su mascota está aburrida o deprimida cuando la observan endormiscada. Nada más lejos: solo quiere dormir. Procura que disponga de una zona propia donde pueda hacerlo, un lugar silencioso y tranquilo.

  • Ambiente ansioso: la tensión en el ambiente repercutirá directamente en la manera que tiene el animal de enfrentarse a las situaciones de estrés.

  • Una mudanza: cambiar de domicilio modifica el escenario, el contexto del perro, que desconocerá a quien se cruza cuando pasea, los lugares donde lo hace, pero sobre todo, lo que considera su espacio. Procura llevar contigo sus objetos personales, aquellos juguetes que adora y demás. Es cuestión de tiempo que se adapte.

  • No poder saludar bien a otro de sus semejantes: o la falta de contacto con ejemplares de su misma especie.

Síntomas

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  • Tu perro aparta la mirada de la fuente de estrés y gira la cabeza hacia otro lado.

  • En los casos en los que está muy nervioso, huye.

  • Oler el suelo es otra de las señales, siempre y cuando el animal lo haga con la intención de desplazar su atención hacia otra parte (ajena al foco de estrés).

  • Conductas no deseadas como ladrar, aullar, orinarse en casa, montar a otros ejemplares, mostrarse hiperactivo, correr desesperadamente de un lado a otro, etcétera.

  • Aumento de la frecuencia cardíaca.

  • Salivación excesiva.

  • Temblores.

  • Rigidez en las articulaciones: sobre todo si se pone tan tenso como para atacar.

Consecuencias del estrés en perros

  • Incremento de la actividad gástrica: que puede derivar en alteraciones en su alimentación, falta de apetito, problemas intestinales, cambio de sus deposiciones y otros.

  • Mayores niveles de la hormona antidiurética y de las hormonas sexuales.

  • Liberación de adrenalina.

  • Pérdida abundante de pelo.

  • Aumento de la agresividad.

  • Debilitamiento del sistema inmune.

  • Depresión.

Recomendaciones

  • Analizados todos los puntos del estrés de un perro, deberías conocer algunas pautas básicas para ahorrárselo.

  • Infórmate a priori -antes de adoptarlo- de las necesidades de cada raza de perro. Consulta con profesionales del sector, en revistas (online y físicas) especializadas, etcétera.

  • Garantiza la calidad de vida de tu pequeño amigo: procura que cuente con su propio espacio, que haga ejercicio con regularidad, se relacione con sus semejantes, lleve una alimentación saludable y similares.

  • Juega con él.

  • Adiéstrale y prepárale para aquellas situaciones nuevas a las que sepas que es probable que vaya a enfrentarse en un futuro no muy lejano.

  • Intenta inculcarle paz y serenidad. Predica con el ejemplo.

  • Cuando se ponga nervioso, cálmale con una voz cariñosa y caricias.

Llegados a este punto, lo más importante será, en definitiva, quererle y darle todo tu amor para transmitirle tranquilidad. Cuídale como se merece y, si sabes algún truquito más para ahorrarle el estrés, ¡cuéntanoslo!

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Águeda A. Llorca Bravo
Periodista y fotógrafa

Qué estresa a mi perro es un consejo para Perros, y habla sobre Salud e Higiene.


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