Miedo a los perros, la Cinofobia


La cinofobia es el miedo irracional a los perros, a otros caninos o a la rabia. Hablamos de las personas que padecen esta fobia, no de otros animales como los gatos, que también pueden manifestar este miedo por causas más lógicas y naturales

El origen más frecuente suele ser una situación traumática ocurrida durante la infancia. El ataque de un perro puede ser el desencadenante. No es necesario haber sufrido en nuestras propias carnes este ataque, por el simple hecho de haberlo presenciado podemos ser víctimas de la cinofobia.

Evidentemente, sabemos que los perros no atacan sin razón, gratuitamente. Cuando ocurre son casos excepcionales, y si lo hacen, generalmente tienen razones para ello: bien porque se les haya molestado o provocado, se haya invadido territorio, etc. Estas reflexiones son racionales, pero las fobias, desgraciadamente, no siempre lo son.

Síntomas

¿Cómo podemos saber que padecemos de cinofobia? Los síntomas más comunes son la ansiedad, en diferentes grados, cuando estamos cerca de un perro. Esta ansiedad puede llegar a degenerar en un ataque de pánico. Otros síntomas son la taquicardia, náuseas, dificultad para respirar, sudoración, etc.

Esta fobia no solo nos afecta individualmente, tiene connotaciones sociales. Nuestra vida familiar, social, puede verse afectada. Una persona que padece de este miedo, intentará por todos los medios no visitar aquellos amigos que tienen perro.

Padecer de aracnofobia es un suplicio. Tener pavor a las arañas es terrible, pero seamos sinceros, ¿cuántas veces te topas con una araña a lo largo del día, o incluso de la semana? Una o ninguna. En cambio, ¿cuántas veces vas a cruzarte con un perro o a verlo en una serie B e televisión alemana? Probablemente muchas veces al día. Ahí radica el principal problema de esta fobia: lo sencillo que resulta activarla. Por eso mismo resulta difícil de superar.

Tratamiento

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El tratamiento dependerá de cada caso en particular. Lo primero es identificar la causa, el origen del problema. Esto puede hacerse a través de una regresión que transporte al afectado hasta el momento en que se desencadenó todo. Una vez detectado ese punto inicial, es posible tirar del hilo. Si este proceso es inviable, hay otro parecido que consiste en exponer al fóbico a una terapia de choque en la que se le muestran imágenes y vídeos de perros de manera gradual hasta que supera el miedo. Algo así como la película ‘La naranja mecánica’ pero con el objetivo opuesto.

Un remedio a largo plazo consiste en que el paciente se haga cargo de un cachorro; que lo alimente, juegue con él, etc. Es una buena manera de romper el miedo a los canes, ya que un cachorro es lo más inofensivo e inocuo. Incluso antes de esto, sería perfecto empezar a ver vídeos de cachorros jugando. A medida que se habitúe al trato con el cachorro, tolerará mejor la presencia, en un primer momento, y la interacción, en un segundo momento, con perros adultos.

El recurso de los medicamentos siempre está ahí. Los ansiolíticos pueden calmar y relajar el estado de estrés, pero no son la solución, solo un parche temporal.

Recomendaciones

Hay que huir de recursos y soluciones rápidas, milagrosas, que ofrecen sitios web de dudosa credibilidad. Hay que desconfiar de estas fuentes de información y acudir a profesionales acreditados. Nuestro veterinario nos aconsejará adecuadamente sobre qué hacer con el miedo a los perros y, si es el caso, derivará al especialista –terapeuta- adecuado.