Curiosidades gatunas


¿Sabías que tu minino no tiene el mismo número de garras en las patas delanteras que en las traseras?¿Entiendes qué quiere decir cuando te ‘amasa’? Descubre estas y otras sorpresas felinas en nuestro artículo

En mi pensamiento se pasea,/como en su apartamento un bello gato./Encantador y fuerte./Y dulce. Su maullido apenas se percibe,/tan tierno su timbre, tan discreto;/esté apacible o gruña,/su voz es siempre espléndida y profunda./Es ese su encanto y su secreto.

Así describía Baudelaire en su poema Le Chat (El Gato) su pasión por estos adorables felinos, unos seres de suave pelaje, adorables, cariñosos pero independientes, y poseedores de un particular lenguaje y ese misterio tan especial que les rodea y nos embauca (con mucho gusto, por cierto). Para que les conozcas mejor, recabamos algunos de sus rasgos más curiosos.

Rasgos curiosos de los gatos

A colación de los primeros versos citados, nos referiremos al maullido; un soniquete que puede cambiar enormemente según la intención comunicativa del animal. De hecho, los especialistas establecen que nuestros pequeños peludos son capaces de emitir hasta 100 sonidos distintos. En el caso de los gatos caseros, su capacidad está mucho más desarrollada, tanto, que pueden llegar a articular y a combinar distintos tonos. Su voz es única –aunque puede cambiar con la llegada de una nueva mascota al hogar- y la utilizan para “hablar” con los humanos pero no entre ellos.

Además y respecto a su audición –para la que disponen de un total de 32 músculos auditivos-, suelen identificar los timbres graves con situaciones de peligro y agresividad, mientras que asocian los agudos a comportamientos amistosos –probablemente es por esta razón por la que les hacen más caso a las mujeres-. Debes saber que las razas albinas (de pelaje blanco y ojos azules) padecen mayor riesgo de sufrir sordera.

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Su lenguaje corporal dice mucho. Por ejemplo, si se tumban boca arriba es señal de confianza, si levantan la cola y la dejan estirada cuando llegas a casa, te están saludando; cuando se frotan contigo están marcándote como su propiedad. Entrecerrar los ojos es un símbolo de su amor. Lamerte, acicalarte, constituye, quizás, el ademán más cariñoso.

Son tan territoriales, que consideran la casa suya. Eres tú quien convive con ellos, no lo olvides.

El ancho de sus bigotes –que se renuevan periódicamente- determina la de la parte más ancha de su cuerpo. Esto les ayuda a calcular por dónde pueden pasar y por dónde no deberían probar.

Cuando te “amasan”, es decir, cuando con sus patitas te aprietan el cuerpo y sumergen la cabecita entre el jersey con un dulce ronroneo, están segregando sudor por sus almohadillas y mamándote como si fueras su madre.
Pueden dormir entre 16 y 18 horas al día: lo mejor es que lo hacen sin sentir remordimientos. Prefieren apoyarse sobre alguna superficie, para evitar que alguien aparezca detrás de ellos.

Su ritmo cardíaco duplica el de los humanos.

Odian el olor a cítricos y son capaces de percibir aromas con la boca. Sienten atracción, sin embargo, por los mentolados y similares.

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Sus “huellas digitales” lo constituye el cojín de su nariz, de diseño único, que los diferencia los unos de los otros.

Se desplazan como las jirafas y los camellos: moviendo las patas delantera y trasera del mismo lado.

Los gatos negros, a pesar de encontrarse entre los menos adaptados por su asociación con la mala suerte y la brujería, son más tranquilos que los blancos y presentan menos problemas de salud.

Poseen una garra más en las patas delanteras que en las traseras.

Tienen una visión nocturna envidiable. La de las hembras suele ser superior a la de los machos.

Su comida debe contener taurina, un aminoácido esencial para su alimentación.

La leche de vaca no les sienta demasiado bien, pues la mayoría son alérgicos a la lactosa. Cómprales una específica o que no contenga lactosa (más económica).

No detectan los sabores dulces.

Tras ingerir cualquier bocado, un gato siempre se lavará. ¿La razón? Evitar que otros depredadores les huelan. Es un acto instintivo de supervivencia.

Mientras se acicalan pueden perder tanta saliva como si orinaran.

En la mayoría de ocasiones, los gatos tricolores son hembras; es decir, su pelaje podría ayudar a determinar su sexo. Especialmente en el caso de los calicó y rojinegros. Se trata de una cuestión genética.

En el Antiguo Egipto, cuando fallecía uno, su dueño se afeitaba las cejas en señal de duelo.

Para acabar y al margen del citado poeta maldito con el que iniciamos nuestro artículo (Baudelaire), no podemos dejar de comentar que la historia recoge un número importante de eruditos y escritores que amaron a estos singulares felinos. Bukowsky, Marc Twain, Isaac Newton (se le atribuye la invención de la gatera), Dumas, Allan Poe, Victor Hugo y hasta Dickens constituyen algunos de los más conocidos; unos autores, que tal vez, encontraron la musa de su inspiración en sus queridos mininos.

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Águeda A. Llorca Bravo
Periodista y fotógrafa

abril de 2015

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